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May 24, 2012

Posted by hackandfab in Filobótica.
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Pregunta: Si era tan grande ¿por qué dices que se trataba de un niño?
Berton: Porque era un niño pequeñito.
Pregunta: ¿No entiendes, Berton, que tu respuesta no tiene sentido?
Berton: No, en absoluto. Podía verle la cara; era un bebé. Además, las proporciones del cuerpo correspondían exactamente a las de un bebé. Era un niño de pecho. No, exagero. Un niño de dos o tres años. Tenía cabellos negros y ojos azules, enormes. Estaba desnudo, completamente desnudo, como un recién nacido. La piel parecía mojada, o lustrosa; resplandecía. Yo me sentía como trastornado. Ya no creía en un espejismo. Veía a ese niño con tanta claridad. Subía y bajaba, junto con las olas; pero aparte de ese movimiento  general del cuerpo, el niño mismo se movía; ¡era horrible!
Pregunta: ¿Por qué? ¿Qué hacía?.
Berton: Parecía una muñeca de museo, pero una muñeca viva. Abría y cerraba los labios, hacía distintos gestos, gestos horribles. No eran sus propios gestos…
Pregunta: ¿Qué quieres decir?
Berton: Yo lo miraba desde unos veinte metros; creo no haberme acercado más. Pero ya lo dije, era enorme. Lo vi tan claramente. Los ojos le brillaban, y uno hubiera podido creer que era un niño verdadero, pero aquellos movimientos, aquellos gestos que alguien parecía ensayar… como si alguien, algún otro, estuviese ejercitándose…
Pregunta: Trata de ser más preciso.
Berton:  Es difícil. Hablo de una impresión, de  una intuición. No los analizaba, pero sabía que aquellos gestos no eran naturales.
Pregunta: ¿Quieres decir, por ejemplo, que las manos no se movían como las manos humanas, que las articulaciones no eran bastante flexibles?
Berton:  No, en absoluto. Pero… esos movimientos no tenían sentido. Nuestros movimientos siempre tienen algún significado…
Pregunta:  ¿Te parece? Los movimientos de un niño de pecho no tienen ningún significado.
Berton: Lo sé. Pero los movimientos de un niño de pecho son desordenados, confusos, caóticos. Los movimientos que yo observaba… sí, ya sé, eran metódicos. Se cumplían sucesivamente, agrupados en series. Como si alguien quisiera estudiar lo que el niño era capaz de hacer con las manos, el torso, la boca. La cara era más terrible que el resto, porque una cara tiene expresión, y aquella cara… no sé cómo decirlo. Estaba viva,
sí, pero no era humana. O más bien, el conjunto de los rasgos, los ojos y la tez, sí, pero la expresión, los movimientos de la cara, no.
Pregunta: ¿Eran muecas? ¿Sabes qué le pasa al rostro de un hombre en una crisis epiléptica?
Berton: Sí, he presenciado una crisis de epilepsia. Comprendo. No, se trataba de algo diferente. La epilepsia provoca espasmos, convulsiones. Los movimientos de que les hablo eran fluidos, continuos, graciosos-melodiosos, si se puede decir eso de un movimiento. Es la definición más aproximada. Pero el rostro… Un rostro no puede dividirse en dos, una mitad alegre, la otra triste, una mitad amenazadora y la otra amable, una mitad atemorizada y la otra triunfante. En aquel niño, era así. Además, todos los movimientos y cambios de expresión se sucedían con una rapidez inconcebible.

SolarisStanisław Lem – 1961

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